Brasil - Argentina La cuestión social para la psiquiatría a principios del siglo XX

Por Federico Beines

Inicio del contacto: contexto geopolítico

Este trabajo surge como contribución a entender los puentes tendidos entre la psiquiatría y las ciencias sociales a principios del siglo XX, en particular en Brasil y en Argentina. Se vuelve menester una historia comparativa entre los derroteros de la salud mental en ambos países con el fin de identificar caminos y alternativas en cuanto a un presente aparentemente disímil en aquel campo.

A pesar de lo antedicho, la historia de la psiquiatría argentina y la brasilera tienen mucho en común. A modo ilustrativo, repasaremos: la fundación del primer manicomio en Río es en 1852 mientras que en Buenos Aires, sólo dos años más tarde; la fundación de las cátedras de psiquiatría también oscila con apenas 5 años de diferencia. Las primeras publicaciones periódicas de psiquiatría (tanto como su contribución con las de medicina legal) en ambos países datan de los primeros años del siglo XX, a veces coincidiendo hasta en los nombres de las revistas y asociaciones.

Estas coincidencias no se basan en un intercambio sino que tienen como factor común la referencia europea. Esto nos lleva a pensar en las diferencias específicas de cada región, que podríamos suponer como relacionadas a la producción propia de cada país, independientemente de Europa. Antes de que la interacción entre brasileños y argentinos se vuelva más fluida, resulta importante investigar cómo se realizan los primeros intercambios entre dos naciones que tradicionalmente eran enemigas. Tanto en cuestiones sanitarias como en las políticas en general, un momento fecundo para el estudio son los primeros treinta años del siglo XX, en que Brasil se vuelve a alinear con el resto de los países de Sudamérica, abandonando el sistema imperial (1889), aunque la República Oligárquica siga presente hasta 1930. Este contexto político es comparable con el de Argentina, al menos hasta la sanción de la Ley Sáenz Peña (1916), que tampoco resulta una fecha en que la democratización se haya vuelto la norma de manera automática –según Devoto y Fausto, autores de una historia comparada entre Brasil y Argentina, los fraudes en la Argentina hacen a los sistemas políticos de ambos países semejantes en su dependencia de la oligarquía en el período mencionado.

Son tiempos en que las economías comienzan a abrirse al mundo, principalmente a partir de modelos agroexportadores (el café en el caso brasilero, los productos de la carne en Argentina). Para el inicio del período que vamos a relatar, la Argentina tiene un desarrollo mayor que el de Brasil; sin embargo éste lo alcanzará con el correr de las décadas. Se trata de dos economías altamente endeudadas con bancas inglesas, atravesando mayores o menores crisis debido a la expansión del gasto público.

Las rupturas de ambos estados con las iglesias se efectivizan en los últimos años del siglo XIX. Las organizaciones religiosas mantienen una hegemonía sobre la medicina en Brasil, que en Argentina ha pasado antes a las asociaciones filantrópicas y de caridad. La aparición de los primeros manicomios más allá de las ciudades capitales comienza antes en Brasil, ya en la década de 1880.

La adopción del sistema federal, más tardío en Brasil, beneficia a las oligarquías locales justamente por existir una dificultad para el gobierno de tan extenso territorio. El interior del país se concebía como una tierra de abandono. Hacia allí irían los médicos, siguiendo el rastro de los religiosos. Por esta vía será el médico el personaje que lleve adelante la fortificación de la salud del estado, actuando sobre  las “razas” que lo habitan.

Brasil ha tenido mayores dificultades para lidiar con el problema “racial”, con un sistema esclavista que duró muchas más décadas que en Argentina. La sociedad brasilera, con una mayor efectividad de la burocracia elitista, no pudo prescindir del esclavo para su modelo económico. Con grandes dificultades de transporte y con sierras escarpadas donde cosechar café se volvía demasiado duro, las diferencias con la Argentina se basaron acaso en otras estrategias, beneficiadas por el llano y las extensiones de tierra por donde el ganado podía engordar con mayor tranquilidad a los patrones. Al tener más playas y más centros portuarios, recibieron más esclavos también. Se dificultó de esta manera la “integración de las razas” que había comenzado en Argentina. Aquí también se había dado comienzo a incidir directamente en la regulación de la inmigración, con mayor anterioridad en comparación con el Brasil, que recién empieza en este período a preocuparse por el tema.

Hubo más huelgas en Argentina, en donde el sector obrero tenía una participación política mayor, en su mayoría a través de la gestión de inmigrantes europeos. Uno de los ejemplos de las mayores huelgas es La semana trágica: aquí encontramos como objetivo de la policía a los manifestantes tanto como el blanco de los paramilitares civiles será la población rusa y judía.

Asimismo es en esta época que los primeros intercambios diplomáticos comienzan a estabilizarse. El final del período, en 1930, encontrará a ambos países ingresando en planes industriales de desarrollo que, si bien se desprenden de su anterior modelo agroexportador (permitiendo las incipientes industrias del transporte y metalurgia), marcarán el final de una etapa a nivel regional. A nivel social, podemos decir que son los años en que los estados afianzarán sus políticas de protección, dejando definitivamente de lado organizaciones filantrópicas y religiosas. La medicina social, que había comenzado manejando las epidemias urbanas, ya se ha extendido hacia el interior de ambos países, con la actuación de científicos destacados como Osvaldo Cruz y Carlos Chagas (y los continuadores inmediatos de la obra de éste, como el argentino Cecilio Romaña). La ley Teixeira Brandao de estatización de los hospicios data de 1930 y lleva el nombre de uno de los primeros alienistas brasileros. Éste también fue diputado y se opuso a la centralización de los sistemas sanitarios para no perjudicar la autonomía federal, compatible con los intereses de la oligarquía, en 1918.

Queda así delineado un panorama contextual que limita la acción de una psiquiatría que comienza a encarar otro tipo de misión: la poblacional.

 

Primeros intercambios: los pasos fuera del asilo

 

Al repasar los personajes de cierta relevancia que actuaron en dicho contexto, arribamos inevitablemente a biografías como la de Lucas Ayarragaray. Médico alienista que luego se volcará a la política, fue ministro plenipotenciario en el Brasil durante una década, y su obra, tanto psiquiátrica como política, nos puede brindar un mirador sobre estos procesos históricos con bastante detalle, sobre todo en relación con figuras de la intelectualidad brasilera.

Comenzaremos con su tesis de doctorado, que data de 1887, en la que defiende una génesis social de los trastornos mentales. Ya anticipa su obsesión acerca del destino individual y colectivo del ser humano en estricto paralelo. El progreso y la vida moderna generan una “desvinculación entre el sistema nervioso y demás aparatos de la economía”. La falta de contento estaría en el origen de muchas manías, siendo éstas más frecuentes en las clases altas. Los inmigrantes sufren “el mal del país”, mientras que los literatos y los políticos están más expuestos a la enajenación mental. Para todo esto da una explicación funcional, un modelo en que las pasiones son la causa exógena, a diferencia de otras que están en los nervios, la médula o el cerebro, con idénticos resultados. La percepción nerviosa del movimiento de moléculas impacta generando emociones que a veces desestabilizan el sistema, llevando a la adaptación, a la locura, y aún a la muerte. Al respectó, dirá que “las epidemias son a la salud pública lo que las guerras a la seguridad nacional”, en lo referente al impacto emocional, más allá de las muertes que causan. Por ejemplo en la Guerra de la Triple Alianza las mujeres paraguayas dejaron de menstruar a la misma vez.

Estas ideas novedosas, acaso provocativas, son inseparables de los objetivos de este personaje. Resulta menester retornar al contexto social mediante un discurso que Ayarragaray dio en las sesiones secretas de la cámara de Diputados, luego publicado bajo un folleto denominado “Argentina y Brasil”. El año del discurso es 1908, y Ayarragaray aparece como inspirado orador en contra de las ideas de atacar al Brasil y tomar posesión de Río de Janeiro, inspiradas por el Ministro de Relaciones Exteriores de entonces, Estanislao Zeballos. Lo que se encontraba en juego era la hegemonía de América del Sur, pretendida por el Brasil con el apoyo de los Estados Unidos. El momento fue tenso, llegando a existir hasta falsificaciones de telegramas de los ministros. La cuestión se resolvió con el despido de Zeballos ante lo insostenible de su situación. Este discurso podría haber influido en el curso de los hechos.

Ayarragaray dirá que “Argentina es más avanzada como nación, moral y materialmente” que la nación vecina. Refiriéndose a lo insólito de una alza en el presupuesto para armamento, indicará “Ya no hay hegemonías militares, sino económicas. Las fuerzas armadas no deben ser superiores a las posibilidades económicas, sino desprenderse de ellas como su fiel reflejo.” Luego explica que si el Brasil incrementó sus armas, fue para defenderse del progreso argentino. Sin embargo, dirá que tenemos una importante afinidad con Brasil más allá de las disputas, y  es la económica. Recuerda que ya no hay conflictos territoriales e insta a diferenciarse del imperialismo agresivo europeo. Vaticina que no habrá una hegemonía de un país en la región.

El Instituto Histórico y Geográfico Brasilero, que existía desde 1838, incorpora en 1914 entre sus miembros a Lucas Ayarragaray, el primer argentino en ser así distinguido. En su discurso de recepción dirá que en Brasil no existió la barbarie espontánea ni la anarquía antes de la construcción de la república, como sucedió en las naciones de origen hispánico. No hubo “montoneras depredadoras y delirantes” con los tumultos de los caudillos demagogos.

Son muchos los intelectuales de ese país que leen su obra. Sus libros figuran entre las bibliotecas de Rui Barbosa y de Oliveira Vianna. Éste, miembro del Instituto Histórico y Geográfico, mantiene una atenta lectura a todo lo referente al caudillismo, que pude comprobar al ingresar a la biblioteca de la casa de Oliveira Vianna, convertida en museo, en la ciudad de Niterói, y encontrarme con algunas anotaciones al margen hechas por él en las secciones que habla de esto.

Oliveira Vianna es el primero en Brasil de hablar de psicología social, con un influyente libro “Pequeños estudios de psicología social”, en el que encara el carácter colectivo de los estamentos que componen la población brasilera. Sin embargo, su obra de mayor alcance en nuestro país quizás haya sido “Raza y asimilación”. Aquí propone dejar atrás equívocos y seguir el camino de una nueva ciencia: la psicología de las razas. Ésta debe en primer lugar diferenciarse de la “psicología de las etnias”, que sería rama de la psicología colectiva, aquella que estudia “el alma de los pueblos”. En cambio, la psicología de las razas sería una rama de las ciencias naturales (aunque luego dice, “antropológicas”) en que se estudia la fisiología del temperamento y su relación con los rasgos físicos de las poblaciones.

Adaptando estas nociones al suelo americano, dirá que el negro es cicloide. Luego compara al indio con el autista según Bleuler. Luego tuerce la balanza hacia estudios estadounidenses, pues necesita antecedentes de lo que nadie aún ha investigado: la psicología de los mestizos. Designa entonces coeficientes de ingeniería poblacional, en un modelo en el que se individualizan las razas que conviven en un área determinada. Así se ha de estudiar quiénes son más aptos o no para la asimilación.

Ya estamos en el año 1932 cuando este libro hace su aparición. En ese mismo año Oliveira Vianna es consultor jurídico del ministerio de trabajo, siendo uno de los responsables  de las primeras legislaciones en Brasil sobre esta cuestión.

Según Devoto y Fausto, las ideas del autoritarismo y específicamente las ideas fascistas llegan tarde a Brasil y Argentina, desde Europa, luego de la Primera Guerra Mundial. Estas son las que llevan, en 1930, a las dos revoluciones que tienen lugar, primero en Argentina, y sólo tres semanas después en Brasil –con sus diferencias, pues en Argentina se intentaba retroceder hasta el momento en que existía voto calificado y en Brasil se iniciaba en una resistencia a la oligarquía. Estos autores dirán que lo que aproxima al liberalismo y positivismo en ambos países es su relación con la medicina social y la criminología.

 En medio de este contexto, la psiquiatra pasa a lo social, en primera instancia, para actuar sobre la población de la misma manera que lo había hecho la higiene pública antes. Las ligas de higiene mental se fundan en este período en ambos países, con un especial hincapié en la profilaxia de la locura, aprovechando las críticas a los manicomios como lugares en que no es posible una curación. A pesar de esto, la higiene mental intentará aumentar los psiquiátricos y, a la par de esto, trabajar para que no existan más locos nuevos. Para ello se recurrirá a la discusión de métodos que llegarán hasta la esterilización de los enfermos internados –en Argentina, la tesis del Dr. Hualde con esta propuesta inaugura el siglo.

Las acciones individuales y sociales del psiquiatra se pueden describir de la siguiente forma: transformar  el peligroso en inofensivo a nivel individual, lo cual es análogo a convertir al potencial anormal en un ser socialmente adaptado. El anormal se ramifica en diversas vertientes posibles: al loco se le sumará el criminal, el epiléptico, los mendigos, las prostitutas, entre otros.   En cuanto al rol de la psiquiatría, se pasa de apuntar a una mejor convivencia (en un nivel microsocial de intervención sobre el loco y su familia), a apuntar a un nivel macrosocial: el de la raza como objetivo de la acción.

Según Lima, en Brasil alrededor de 1910, la improductividad dejará de ser sinónimo de raza inferior. Ésta, en cambio, empieza a ser considerada, antes que algo congénito, una condición mórbida “curable”, es decir, pasible de un abordaje médico. Brasil entero (especialmente los estados del interior) se convierte por estos días en un gigantesco hospital, según los dichos de los intelectuales. La cuestión de la raza negra es central en Brasil, y si bien en Argentina la situación no es comparable, la intervención sobre la cuestión racial aparece como el eje de la higiene mental, sobre todo a partir de una definición de la identidad nacional –esto es, en Argentina, a partir de la asimilación de los inmigrantes.

 

Primeros contactos académicos: racismo

 

Volviendo a las coincidencias entre Brasil y Argentina en términos de la historia de la psiquiatría, queda pendiente enfocar los procesos que sustentan la posterior interacción, estudiando el rol de los primeros contactos en la base de las psiquiatrías nacionales. Para ello se investigará el intercambio con dos figuras importantes del alienismo brasilero: Juliano Moreira y Henrique Roxo.

Juliano Moreira trabará una amistad con Kraepelin. Existe un cese de interés en la escuela francesa y la adopción de la alemana a partir del cambio de siglo. Esto es, para Portocarrero, el momento en que la psiquiatría pasa a abarcar todo lo que permanece en estado latente de degeneración (en especial, en este país, por alcoholistas, sifilíticos) Toda la nueva gama de posibles “anormales” caerán bajo la nueva cientificidad de la psiquiatría, renovada por Kraepelin y sus clasificaciones apuntando a establecer etiologías endógenas o exógenas.

En la Argentina también ocurre un vuelco hacia la escuela alemana -aunque probablemente en ninguno de los dos países implique un abandono total de las nociones francesas. Dicho vuelco está ejemplificado con la venida de Cristofredo Jakob, patólogo alemán,  a instalar su laboratorio de neuroanatomía en el fondo de los hospicios argentinos, a instancias de Amancio Alcorta y Domingo Cabred, en los primeros años del siglo XX.

Juliano Moreira se adentrará, entre otras cuestiones, en el campo de acción de la psiquiatría sobre las fuerzas armadas. Se puede encontrar otra vez una doble intervención: a nivel microsocial, el psiquiatra puede reducir las posibilidades de seleccionar a alguien no apto para el combate; en cambio, a nivel macrosocial, podría promover la atención de todos los afectados directa o indirectamente por una guerra.

Henrique Roxo es un alienista de Río de Janeiro que se recibe en el año 1901, y es quien más intensamente colaborará con las publicaciones argentinas. En abril de 1929 Gregorio Bermann publica en la Semana Médica Argentina, que la obra de Roxo es la expresión de uma personalidad científica y cultural que debe ser señalada a los especialistas del continente.

Ese mismo año aparece un trabajo de Henrique Roxo titulado "Impresiones de viaje a Argentina y Uruguay". Ya en la década del 30 las publicaciones de este autor en la Argentina irán creciendo, por ejemplo con artículos en La Prensa Médica, y en La Semana Médica.

Roxo, como Juliano Moreira, frecuentó la clínica de Kraepelin en Heidelberg. Roxo decía que el cerebro de los negros tenía una evolución menor a la del blanco y esto sucede al principio de su carrera, con apenas 3 años desde su tesis doctoral. Su trabajo “Disturbios mentales en los negros de Brasil” fue presentado ese mismo año (1904) en el Segundo Congreso Médico Latinoamericano que se celebró en Buenos Aires.

A pesar de todo lo anterior, el desconocimiento de los sistemas de higiene mental en ambos países permanecía intacto recíprocamente. Esto al menos es lo que sugiere investigación que le encargan a Murillo Celestino dos Santos, alienista asistente del Hospital São João de Deus (Salvador), comisionado por la Secretaria de Assistência Pública de Bahia en 1926. Este médico debía presentar un informe de los “modernos” asilos para insanos en Brasil y las Repúblicas del Plata, abarcando entre éstos la “Colônia Nacional de Alienados de Lujan, Hospicio de las Mercedes, el Hospital Nacional de Alienadas”, así como el Hospicio de Alienados (Montevideo).

Según Lima et al, se trata de una época en que los médicos brasileros cambiarán la etiología social de la inmoralidad, desviando la variable inmodificable (como el clima) a la falta de educación; una “falta de práctica en el dominio de sí mismo” dispondría una mayor excitabilidad nerviosa del brasilero. En la Argentina, la manipulación poblacional pasa por la regulación de los inmigrantes en dos niveles: en primer lugar, en las altas esferas, por la milicia, mediante la selección de descendientes que estuvieran aptos para el ascenso social -en este sentido el ejército brasilero fue más cerrado. Por último, la psiquiatría se haría cargo de las clases bajas mediante la acción de la higiene mental a nivel profiláctico, eugenésico, como primera salida profesional por fuera de los asilos. Completando lo anterior,  la ampliación de los espacios manicomiales en las primeras décadas del siglo XX también se debió a representantes de este “higienismo mental”.

Resulta llamativo que el intercambio a nivel sanitario entre ambos países, comenzado más francamente  luego de los gobiernos autoritarios del siglo pasado, no hayan suscitado el interés de historiadores. ¿Será esto un coletazo de la antigua rivalidad territorial? Las dificultades para la apropiación del conocimiento e ideas imperantes en Europa podrían partir de la diversidad de éstas y de su rápida evolución en comparación con ámbitos académicos muy jóvenes. Dejando de lado el eurocentrismo, las coincidencias sorprendentes así como diferencias significativas, también han de analizarse en los contextos geopolíticos y sociales de América del Sur, que a la vez en el período 1900-1930 adquieren interés para áreas como la psiquiatría. Estos derroteros tan parejos bien podrían ser objeto de estudios posteriores.

 

Bibliografía:

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.Ayarragaray, L. (1910) Argentina y Brasil. Imprenta Lajouane y Cía, Buenos Aires.

.Ayarragaray, L. (1914) Discurso leído en el Instituto Histórico Brasilero, Imprenta Lajouane y Cía, Buenos Aires.

.Ayarragaray, L. (1887) La imaginación y las pasiones como causas de enfermedades, Imprenta Stiller y Laas, Buenos Aires.

.Devoto, F; Fausto, B (2008) Argentina Brasil 1850-2000 Editorial Sudamericana, Buenos Aires.

 .Lima, N; Hochman, G. (2005) Condenado por La raza, absuelto por la medicina: El Brasil descubierto por el movimiento médico-higienista de la primera República. En: Armus, D. (Compilador) 2005, Avatares de la medicalización en América Latina 1870-1970, Lugar Editorial, Buenos Aires.

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.Moreira, M. (1974) Oswaldo Cruz. Editora Três, Río de Janeiro.

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